ELOY DE LA IGLESIA: EL PLACER OCULTO DEL CINE ESPAÑOL
José Luis Manzano en Colegas (1982)
Eloy de la Iglesia fue mucho más que un cineasta; fue un cronista de los rincones más oscuros y desafiantes de la sociedad española durante la Transición. Su filmografía, llena de títulos que han pasado a la historia como El techo de cristal, La semana del asesino, El diputado, El pico o La estanquera de Vallecas, captura una época marcada por profundos cambios políticos y sociales, mientras pone el foco en aquellos que quedaban al margen de las promesas de la nueva democracia. Pese al éxito comercial de muchas de sus películas, Eloy de la Iglesia fue mirado con desdén por buena parte de la crítica de su tiempo, que no perdonaba su clara ambición de llegar al gran público. Sin embargo, las generaciones actuales han comenzado a reivindicar su figura, reconociendo la valentía y relevancia de su obra. El libro Eloy de la Iglesia: El placer oculto del cine español, coordinado por Carlos Barea, nos invita a explorar las múltiples facetas de este director imprescindible. A través de un enfoque colectivo, la obra disecciona las capas de provocación, erotismo crudo y realismo político que definieron el cine de de la Iglesia.
Las películas de Eloy de la Iglesia son, en esencia, un retrato de los conflictos y contradicciones de su tiempo. Sus historias navegan entre el deseo de provocación, un erotismo explícito y una profunda intención de reflejar los cambios sociales y políticos de la España postfranquista. Por sus películas pasaron grandes estrellas como Carmen Sevilla, Amparo Muñoz, Simón Andreu, Vicente Parra o José Sacristán, quienes compartieron pantalla con nuevos talentos, a menudo descubiertos en la calle, como José Luis Manzano, cuya colaboración con el director lo convirtió en un símbolo del cine quinqui. Este subgénero cinematográfico, del que de la Iglesia fue uno de los máximos exponentes, dio visibilidad a los denominados quinquis, jóvenes atrapados en la delincuencia y la marginalidad. Al mismo tiempo, de la Iglesia ofreció una representación franca de las experiencias del colectivo LGTBIQ+, a menudo ignorado o caricaturizado en el cine de la época. Su mirada humanizadora y su enfoque sin concesiones rompieron con los estereotipos predominantes, dotando de voz y protagonismo a quienes la sociedad intentaba silenciar.







La historia de José Luis Manzano (1962–1992), actor fetiche de Eloy de la Iglesia, es tan trágica como significativa. Descubierto por el director en las calles de Madrid, Manzano dio vida a personajes que reflejaban las realidades más crudas de la marginalidad y la juventud en conflicto. Sin embargo, su vida personal, marcada por la lucha contra las adicciones y la precariedad, terminó de manera prematura a los 29 años, dejando un vacío tanto en el cine como en quienes lo conocieron. Las fotografías que ilustran este artículo no solo capturan su magnética presencia, sino que también nos invitan a reflexionar sobre las dificultades que enfrentan muchos jóvenes cuando sus vidas se entrelazan con las mismas historias que buscan contar a través del arte.
Eloy de la Iglesia (1944-2006)
Eloy de la Iglesia fue también una figura política y social en sí misma. Abiertamente homosexual y comunista, su obra refleja un compromiso con las causas sociales y una sensibilidad particular hacia las luchas de los marginados. Sus películas no solo documentan las sombras de un país en proceso de transformación, sino que también desafían las convenciones cinematográficas, políticas y morales de su tiempo. De la Iglesia supo usar el cine como una herramienta para incomodar, para cuestionar y para abrir espacios de diálogo en torno a temas que otros preferían evitar.
El legado de Eloy de la Iglesia se mantiene vivo, no solo como un reflejo de las tensiones de la Transición, sino también como un ejemplo de cómo el cine puede ser un vehículo de cambio social. Las historias que plasmó en sus películas, cargadas de verdad y crudeza, continúan resonando en un público que encuentra en su obra una mezcla única de arte y activismo. El libro Eloy de la Iglesia: El placer oculto del cine español sirve como un recordatorio de la importancia de su trayectoria y como una invitación a redescubrir a un director que transformó las pantallas en espejos de las verdades más incómodas. En una España que despertaba a la democracia, pero que aún daba la espalda a muchos, Eloy de la Iglesia fue, y sigue siendo, una voz esencial para entender no solo el cine, sino también la historia reciente de un país que buscaba redefinirse tras la dictadura.